TERCERA PARTE: un resumen de la línea maestra de la extrema derecha capitalista. (VER CUADRO)
Comprendemos así el porqué del antagonismo irreconciliable entre esta teoría y la burguesa. Para analizarla con más detalle y para comprender mejor que por debajo del aparente e interesado galimatías actual sobre las múltiples "globalizaciones", existe una verdad simple y cruda, brutal, que nos remite a la explotación de la mayoría por la minoría como esencia invariable pese a sus cambios de forma externa en la evolución del capitalismo histórico, para descubrirlo, vamos a exponer uno a uno los diversos momentos históricos de las corrientes que aparecen en el cuadro. Seguiremos el orden expuesto.
(5-1) MARGINALISMO DURO (VER CUADRO): la burguesía industrial no tuvo empacho en seguir algunos métodos antiobreros y antipopulares de Malthus, pero ello no significaba el triunfo de la ECONOMÍA VULGAR. Prácticamente hasta el último cuarto del siglo XIX no renace esta corriente. Incluso cuando Gossen publicó en una fecha ya tardía como 1854 sus tres célebres "leyes" económicas --utilitarismo, consumo y matematización--, tenidas por muchos como la primera exposición plena del marginalismo y del neoliberalismo, incluso entonces su obra fue condenada al olvido, teniendo que transcurrir 35 años para que se reeditara en 1889. Ya hemos dicho antes que existían tres razones para el resurgir de esta variante ideológica burguesa, como son el aparente incumplimiento de los negros augurios de Ricardo sobre el futuro capitalista, la fisicalización de las ciencias sociales y el miedo burgués al ascenso del movimiento socialista obrero.
Para cuando estalló la larga crisis del último tercio del siglo XIX ya estaban formados los puntos decisivos de esta corriente por obra de Jevons (1835-1882), Walras (1837-1910), Menger (1840-1921) y Pareto (1848-1923). Además, su aire de cientificidad al usar masivamente las matemáticas, descontextualizadas de toda problemática sociohistórica, le protegía de las críticas y, por último, el ascenso del movimiento obrero socialista y anarquista, pero sobre todo marxista, como veremos luego, aseguraban su continuidad mal que bien al carecer el capitalismo de otra ideología más adecuada, aunque la elaboraría al poco tiempo. Lo esencial de esta corriente radica, como se ha dicho, en la creencia de que el mercado libre, perfecto y autorregulado sin injerencias estatales, permitía al "ciudadano consumidor" escoger la mejor relación calidad-precio. De este modo, pese a problemillas de ajuste secundario, en un tiempo relativamente corto se impondría el equilibro general del sistema. Esta ley debía cumplirse al margen de las voluntades e intervenciones humanas, siguiendo la lógica fisicalista enunciada por Jevons según la cual la economía se parecía mucho a la ciencia de la mecánica estática, y tenía que aplicar los mismos principios matemáticos que la ciencia física
(5-2) MARGINALISMO BLANDO (VER CUADRO): efectivamente, no tardó mucho en surgir una variante del marginalismo más realista para con la situación burguesa. Aunque en esencia esta variante defendía lo mismo que su antecesora, sin embargo difería sobre todo en cómo aplicarla en los nuevos tiempos y en situaciones tan diferentes países. Marshall (1842-1924) no dudó en salir en defensa de Ricardo y contra las críticas de Jevons, defendiendo además una mayor agilidad y adaptación sociohistórica de la matemática evitando el mecanicismo fisicalista de Jevons. Consciente de la complejidad sociohistórica intentó meter dosis de realismo en la teoría matriz y hasta propugnó que se ampliasen sus relaciones prácticas con la política económica incluso con algunas reformas y negociaciones, lo que no siempre fue bien visto.
Por su parte, Böhm-Bawerk (1851-1914) fue el marginalista que más atención prestó a la crítica burguesa del MARXISMO, crítica que en la que ya había profundizado el ortodoxo Walras. Böhm-Bawerk se esforzó por salvar de la crítica marxista los problemas del interés y del fondo de salarios, a la vez que pasó a la ofensiva contra Marx, ataque que ha sido desde entonces un pilar del dogma antimarxista. Para lograr su triple objetivo, desarrolló aún más el componente idealista y subjetivista del marginalismo, reduciendo al mínimo el peso de la realidad sociohistórica para sobrestimar el de los factores psicológicos individuales. No podemos extendernos en Veblen (1857-1929) y sus intentos por mejorar el marginalismo mediante una síntesis de evolucionismo no mecanicista y de la psicología social con los datos estadísticos que se obtienen mediante las instituciones burguesas. De todos modos, para acabar, no deja de sorprender el que mientras la economía política burguesa divagaba sobre estas cuestiones, el MARXISMO avanzaba impresionantes teorías sobre el imperialismo y la mundialización, que veremos en su momento.
(5-3) NEOLIBERALISMO (VER CUADRO): la superioridad del marginalismo y de la teoría neoclásica se esfumó con la crisis de crisis estructural iniciada en 1929 y que, con altibajos y recuperaciones, se prolongó hasta 1939. A partir de ahí la relación de fuerzas sociales en lucha no era la más adecuada para la vuelta de esa política económica. Al contrario. Por un lado, los destrozos inmensos de la guerra de 1939-45 en Europa occidental y la necesidad de apuntalar la incipiente recuperación en los EE.UU.; también las lecciones extraídas por el movimiento obrero sobre el comportamiento pro-nazi de las burguesías europeas y, por último, la presencia de la URSS y del stalinismo, todo esto en sentido general, más las condiciones concretas en cada país, imposibilitaron la vuelta de la ferocidad marginalista. Veremos más adelante que la solución transitoria fue, en general, el matrimonio estatal entre el reformismo socialdemócrata y el KEYNESIANISMO. Pero cuando ésta unión se demostró incapaz de salvar al capitalismo de finales de la década de 1961 de una pavorosa crisis, entonces las burguesías no tuvieron ningún reparo en empezar a aplicar una versión moderna del marginalismo, se trataba del neoliberalismo. Se aplicó muchas veces con una mezcla de KEYNESIANISMOS BLANDOS y cada vez más débiles y con el apoyo del reformismo político-sindical de los EUROCOMUNISMOS.
Hay que insistir, porque ahora se olvida interesadamente, que el NEOLIBERALISMO en cuanto tal partía con la ventaja de los previos ataques demoledores contra el movimiento obrero lanzados por el reformismo. Sobre esta ventaja, el NEOLIBERALISMO aplicó sus cuatro principios básicos y comunes: uno, controlar la inflación, reducir la intervención estatal en gasto público y volcarla en el apoyo a la burguesía, privatizando empresas públicas para beneficio privado; dos, reducción de salarios directos e indirectos, ataque a la centralidad obrera y derechos sindicales, flexibilización y debilitamiento de clase; tres, intervención ideológica autoritaria y reaccionaria para potenciar el individualismo acorde con la tesis del interés del consumidor, para destruir la conciencia colectiva y desprestigiar los derechos sociales, y, cuatro, buscar inversiones exteriores mediante la liberalización, facilitar los movimientos de capitales, propiciar la devaluación cuando sea necesario, etc.
El grueso de estas ideas venían siendo re-elaboradas desde la mitad del siglo XX por autores cono von Mises, von Hayek, y otros, y readecuadas poco después por Arrow, Friedman, Brittan y otros. Especial importancia tuvo en este proceso la paciente militancia organizada de los marginalistas desde 1945-1947, cuando von Hayek creó un grupo de propaganda selectivamente orientado a influir en los núcleos burgueses, grupo organizado alrededor de la Sociedad de Mont-Pelerin. Esta paciente y rigurosa militancia apenas conocida públicamente fue extendiendo su influencia hasta que en 1980 fue capaz de organizar una convención internacional en el Hoover Institute de la Universidad de Stanford, en los EE.UU., a la que acudieron alrededor de 800 economistas e invitados. Hemos citado esta significativa intervención organizada para mostrar cómo es imposible separar la evolución teórica de una corriente económica de la militancia política organizada de sectores decididos, sean burgueses o proletarios.
(5-4) NEOLIBERALISMOS (VER CUADRO): pero conforme transcurrían rápidamente la década de 1981, se iban notando las debilidades de fondo del dogma neoliberal, pese a los esfuerzos en aplicarlo. La crisis creciente de la URSS permitió ocultar la crisis del capitalismo mundial que sólo podía recuperarse en muy contadas zonas del planeta. La implosión del stalinismo dio otro respiro propagandístico y político a la burguesía, que además se había lanzado en los EE.UU. a una recuperación de su debilitada hegemonía mundial y en Europa que avanzada en su unificación capitalista mientras que el resto, desde un Japón que se estancaba, unos países tan importantes como México, Rusia, los "cuatro tigres asiáticos", Argentina, etc., se desplomaban sucesivamente durante la década de 1991, tanto en crisis industriales como financieras, hasta llegar a la actual situación de entre el año 2000 y lo que va del 2002 en los EE.UU. y la UE. Pues bien, las distintas burguesías han experimentados las variantes más estrambóticas del dogma neoliberal, fanáticamente aplicadas pese a sus inhumanas consecuencias. Así los diversos monetarismos estatales, las diversas aplicaciones de la teoría de las expectativas racionales, las múltiples economías de oferta, los permanentes llamados a la confianza del inversor racional, etc., todas ellas vulgares adecuaciones a la crisis actual de los mitos marginalistas del siglo XIX, como hemos visto, todos estos intentos, han fracasado uno tras otro.
(5-5) GLOBALIZACIÓN POSITIVA (VER CUADRO): se trata de la última moda o, peor, de la última trampa de la corriente ideológica que pervive desde el MERCANTILISMO inicial, pero con variantes lógicas por la evolución capitalista. Consiste en la creencia de que la economía mundial ha entrado en una fase definitiva de resolución de sus problemas gracias a la extensión de las llamas "nueva economía", "economía informacional", "economía intangible", etc. Se cree que las nuevas tecnologías, la rapidez de circulación mercantil, la "desaparición del espacio y del tiempo", o la "economía de tiempo real", permitirán que en muy corto espacio de tiempo cada vez más sectores de la humanidad se vayan beneficiando de las aperturas de nuevos mercados, de nuevas fuerzas productivas, de créditos muy baratos, de una cultura tecnológica a disposición de todos... Ahora se trata de acabar cuanto antes con algunas dificultades que lastran este marcha triunfal, y uno de esos obstáculos que ya prácticamente ha desaparecido --dicen-- es la transformación de la clase obrera en una "nueva clase". Reaparece así el mito del "capitalismo popular", según el cual hasta los trabajadores se convierten en rentistas y accionistas al invertir y negociar en Bolsa sus acciones. Este mito, que muchos creen nuevo, no viene sólo del período de 1951-68 en los EE.UU., sino también, como veremos, del reformismo inglés de comienzos del siglo XX. La ideología bolsista afirma que "el dinero crea dinero", es decir, que la riqueza no viene de la producción material sino de la circulación de dinero en el mercado, del "juego en Bolsa", etc., sin que intervenga la fuerza de trabajo humana. Como hemos dicho, reaparece así lo sustantivo del MERCANTILISMO que despreciaba la producción de valor y se centraba en el manejo y circulación comercial, de dinero y de acciones.
CUARTA PARTE: un resumen del socialismo utópico y del marxismo