CUADRO EXPLICATIVO DE LAS DOS TEORÍAS ANTAGÓNICAS SOBRE EL CONTEXTO MUNDIAL: LA BURGUESA NEOCLASICA, MARGINALISTA Y NEOLIBERAL Y LA MARXISTA.


      TERCERA PARTE: un resumen de la línea maestra de la extrema derecha capitalista. (VER CUADRO)

      Comprendemos así el porqué del antagonismo irreconciliable entre esta teoría y la burguesa. Para analizarla con más detalle y para comprender mejor que por debajo del aparente e interesado galimatías actual sobre las múltiples "globalizaciones", existe una verdad simple y cruda, brutal, que nos remite a la explotación de la mayoría por la minoría como esencia invariable pese a sus cambios de forma externa en la evolución del capitalismo histórico, para descubrirlo, vamos a exponer uno a uno los diversos momentos históricos de las corrientes que aparecen en el cuadro. Seguiremos el orden expuesto.

      1. MERCANTILISMO (VER CUADRO): desde el siglo XV hasta la primera mitad del XVIII las burguesías comercial y preindustrial, frecuentemente unidas, pensaban que la riqueza era el dinero, y que este se obtenía mediante el comercio, cambiando en el mercado y sobre todo en mercados con precios inferiores. Un Estado, un reino, era más rico cuanto más dinero obtenía en el comercio externo e interno, y para ello debía intervenir su marina de guerra, su ejército, la entera burocracia estatal y hasta poderosas empresas privadas pero apoyadas por el Estado. A la vez, había que asegurar y proteger el mercado propio, interno, pero había que abrir y desproteger los externos, recurriendo a la fuerza militar si se resistían sus pueblos. Se lograba así una enorme expoliación y transferencia de valor del exterior al interior, y se aseguraba la línea ascendente del MERCANTILISMO a la ECONOMIA VULGAR O NEOCLASICA.
      2. FISIOCRACIA (VER CUADRO): la burguesía del Estado francés, mucho más débil que la inglesa en desarrollo protoindustrial, y más interesada en ganarse el apoyo del campesinado alto y medio, desarrolló en buena parte del siglo XVIII la tesis según la cual la creación de riqueza provenía de la agricultura y no de la protoindustria, que ponían en segundo lugar. Esta teoría, sistematizada por Quesnay (1696-1794) tenía de bueno su insistencia en la producción de valores de uso y no en el comercio y en el dinero, o sea en la circulación. También insistieron en los problemas del capital fijo y circulante de tanta importancia para una agricultura sometida a la incertidumbre del clima, por lo que intentaron crear una teoría explicativa capaz de asegurar la producción anual. Por estos logros su influencia ha sido grande en el ascenso crítico de la FISIOCRACIA a la ECONOMIA BURGUESA CLASICA y al MARXISMO. Pero a la vez, por sus intereses e ideología burguesa, defendía el poder absoluto de la propiedad privada, de la libre competencia y la libertad de comercio exterior, para lo que apremiaban a la marina de guerra francesa que fuera tan criminal o más que la inglesa. Así se explica la línea recta que sube de la FISIOCRACIA a la ECONOMÍA VULGAR O NEOCLÁSICA.
      3. ECONOMÍA BURGUESA CLÁSICA (VER CUADRO): en el último tercio del siglo XVIII la industria manufacturera británica se enfrentaba a crecientes dificultades de racionalización teórica debido al envejecimiento del MERCANTILISMO, superado por la evolución económica, y a la obvia incapacidad de la FISIOCRACIA para entender el peso cualitativo de la industria creciente. Los primeros clásicos, nucleados alrededor de Adam Smith (1723-1790), criticaron duramente al MERCANTILISMO por su desprecio de la esfera de la producción, es decir, de la industria, lugar en donde según los clásicos se producía el valor. Esa crítica cierta le llevó a plantear la existencia de dos clases diferentes, la trabajadora y la patronal, pero al no poder avanzar en una descripción más exacta de la producción del excedente, de qué es lo que permite que el trabajador produzca al final más de lo que recibe por su salario, por eso no pudieron sentar las bases definitivas de la crítica del capitalismo. Sin embargo, este logro era muy importante para su época y explica la línea ascendente hacia la izquierda que engarza con la ECONOMIA BURGUESA CLÁSICA (4) y, tras ser enriquecida por ésta, con el MARXISMO. Pero sus mismas limitaciones y contradicciones al ofrecer definiciones opuestas del valor y de la ganancia, sobre todo al definir el valor como simple pago justo del trabajo y la ganancia como compensación del riesgo en la inversión privada, estos y otros errores explican su línea ascendente hacia la ECONOMIA VULGAR O NEOCLÁSICA (5).
      4. ECONOMÍA BURGUESA CLÁSICA (VER CUADRO): las revoluciones burguesas de 1776 en los EE.UU. y de 1789 en el Estado francés desequilibraron el orden mundial y especialmente el británico por sus efectos totales. El grueso de la burguesía industrial británica comprendió que se le abrían enormes posibilidades de enriquecimiento aprovechando su decisiva superioridad industrial si dirigía la guerra mundial contra Napoleón y extraía lecciones de la derrota en los EE.UU. El capitalismo británico, definitivamente industrial, salió como la potencia mundial en 1815, cuando el Congreso de Viena. Pues bien, dos años después David Ricardo (1772-1823), teórico clave de la reflexión burguesa, publicaba su obra decisiva. Su éxito como ideólogo oficial de la burguesía industrial provenía del hecho de que la realidad demostraba al grueso de esta fracción de clase que una cosa es el precio de una mercancía y otra es su valor; que el valor de la mercancía lo determina el trabajo invertido en ella y que, esa determinación la marca el tiempo de trabajo. Avanzó en la ley del valor-trabajo y en la diferencia entre beneficio empresarial y salario obrero, es decir, en la explotación. Estos y otros logros explican la línea ascendente hacia el MARXISMO, pero sus dificultades para definir teóricamente la diferencia entre fuerza de trabajo y trabajo, para captar el proceso de cuota media de ganancia, para superar la errónea tesis de la fertilidad decreciente del suelo, estos y otros errores explican la línea derechista ascendente hacia la ECONOMÍA BURGUESA NEOCLÁSICA.
      5. ECONOMÍA VULGAR O NEOCLÁSICA (VER CUADRO): pero no toda la burguesía británica estaba de acuerdo con lo anterior. Hay que tener en cuenta que además de las revoluciones burguesas vistas, de la expansión industrial y político-militar británica a escala mundial, también se había producido una explosión demográfica impresionante y una áspera lucha de clases que incluso había zarandeado el malestar de la marina de guerra británica a finales del siglo XVIII. La todavía poderosa burguesía terrateniente y muchos sectores de la comercial, que dependían de la agricultura y del comercio mundial, defendían posturas más duras, incluso brutales para con las masas trabajadoras, como la de Malthus (1766-1834), representante máximo de esta corriente todavía entonces minoritaria pero que se haría dominante, que exigía que el Estado dejase de reconocer el derecho de los pobres a recibir ayuda pública, que exigía abolir la Ley de Pobres, que afirmaba que la caridad pública y privada no podían resolver la falta de previsión de los pobres para ahorrar, trabajar y aprender a gastar. Insistía en que, por el contrario, había que potenciar el consumo de las clases ricas, iniciando la teoría de la demanda efectiva tan valorada después hasta por Keynes. La reacción antipopular incitada por Malthus tuvo éxito y el Estado suprimió derechos asistenciales. Tal vez por esto y por el empeoramiento del clima social, un segundo vocero de la ECONOMIA VULGAR --tal cual la definía Marx-- o NEOCLÁSICA, fue Mill (1806-1873) que suavizó algo la ferocidad de sus predecesores pero insistiendo en la importancia de la esfera de la circulación sobre la de la producción. La razón por la que Marx definió como vulgar a esta escuela es, por tanto, simple de comprender.
      6. (5-1) MARGINALISMO DURO (VER CUADRO): la burguesía industrial no tuvo empacho en seguir algunos métodos antiobreros y antipopulares de Malthus, pero ello no significaba el triunfo de la ECONOMÍA VULGAR. Prácticamente hasta el último cuarto del siglo XIX no renace esta corriente. Incluso cuando Gossen publicó en una fecha ya tardía como 1854 sus tres célebres "leyes" económicas --utilitarismo, consumo y matematización--, tenidas por muchos como la primera exposición plena del marginalismo y del neoliberalismo, incluso entonces su obra fue condenada al olvido, teniendo que transcurrir 35 años para que se reeditara en 1889. Ya hemos dicho antes que existían tres razones para el resurgir de esta variante ideológica burguesa, como son el aparente incumplimiento de los negros augurios de Ricardo sobre el futuro capitalista, la fisicalización de las ciencias sociales y el miedo burgués al ascenso del movimiento socialista obrero.

        Para cuando estalló la larga crisis del último tercio del siglo XIX ya estaban formados los puntos decisivos de esta corriente por obra de Jevons (1835-1882), Walras (1837-1910), Menger (1840-1921) y Pareto (1848-1923). Además, su aire de cientificidad al usar masivamente las matemáticas, descontextualizadas de toda problemática sociohistórica, le protegía de las críticas y, por último, el ascenso del movimiento obrero socialista y anarquista, pero sobre todo marxista, como veremos luego, aseguraban su continuidad mal que bien al carecer el capitalismo de otra ideología más adecuada, aunque la elaboraría al poco tiempo. Lo esencial de esta corriente radica, como se ha dicho, en la creencia de que el mercado libre, perfecto y autorregulado sin injerencias estatales, permitía al "ciudadano consumidor" escoger la mejor relación calidad-precio. De este modo, pese a problemillas de ajuste secundario, en un tiempo relativamente corto se impondría el equilibro general del sistema. Esta ley debía cumplirse al margen de las voluntades e intervenciones humanas, siguiendo la lógica fisicalista enunciada por Jevons según la cual la economía se parecía mucho a la ciencia de la mecánica estática, y tenía que aplicar los mismos principios matemáticos que la ciencia física

        (5-2) MARGINALISMO BLANDO (VER CUADRO): efectivamente, no tardó mucho en surgir una variante del marginalismo más realista para con la situación burguesa. Aunque en esencia esta variante defendía lo mismo que su antecesora, sin embargo difería sobre todo en cómo aplicarla en los nuevos tiempos y en situaciones tan diferentes países. Marshall (1842-1924) no dudó en salir en defensa de Ricardo y contra las críticas de Jevons, defendiendo además una mayor agilidad y adaptación sociohistórica de la matemática evitando el mecanicismo fisicalista de Jevons. Consciente de la complejidad sociohistórica intentó meter dosis de realismo en la teoría matriz y hasta propugnó que se ampliasen sus relaciones prácticas con la política económica incluso con algunas reformas y negociaciones, lo que no siempre fue bien visto.

        Por su parte, Böhm-Bawerk (1851-1914) fue el marginalista que más atención prestó a la crítica burguesa del MARXISMO, crítica que en la que ya había profundizado el ortodoxo Walras. Böhm-Bawerk se esforzó por salvar de la crítica marxista los problemas del interés y del fondo de salarios, a la vez que pasó a la ofensiva contra Marx, ataque que ha sido desde entonces un pilar del dogma antimarxista. Para lograr su triple objetivo, desarrolló aún más el componente idealista y subjetivista del marginalismo, reduciendo al mínimo el peso de la realidad sociohistórica para sobrestimar el de los factores psicológicos individuales. No podemos extendernos en Veblen (1857-1929) y sus intentos por mejorar el marginalismo mediante una síntesis de evolucionismo no mecanicista y de la psicología social con los datos estadísticos que se obtienen mediante las instituciones burguesas. De todos modos, para acabar, no deja de sorprender el que mientras la economía política burguesa divagaba sobre estas cuestiones, el MARXISMO avanzaba impresionantes teorías sobre el imperialismo y la mundialización, que veremos en su momento.

        (5-3) NEOLIBERALISMO (VER CUADRO): la superioridad del marginalismo y de la teoría neoclásica se esfumó con la crisis de crisis estructural iniciada en 1929 y que, con altibajos y recuperaciones, se prolongó hasta 1939. A partir de ahí la relación de fuerzas sociales en lucha no era la más adecuada para la vuelta de esa política económica. Al contrario. Por un lado, los destrozos inmensos de la guerra de 1939-45 en Europa occidental y la necesidad de apuntalar la incipiente recuperación en los EE.UU.; también las lecciones extraídas por el movimiento obrero sobre el comportamiento pro-nazi de las burguesías europeas y, por último, la presencia de la URSS y del stalinismo, todo esto en sentido general, más las condiciones concretas en cada país, imposibilitaron la vuelta de la ferocidad marginalista. Veremos más adelante que la solución transitoria fue, en general, el matrimonio estatal entre el reformismo socialdemócrata y el KEYNESIANISMO. Pero cuando ésta unión se demostró incapaz de salvar al capitalismo de finales de la década de 1961 de una pavorosa crisis, entonces las burguesías no tuvieron ningún reparo en empezar a aplicar una versión moderna del marginalismo, se trataba del neoliberalismo. Se aplicó muchas veces con una mezcla de KEYNESIANISMOS BLANDOS y cada vez más débiles y con el apoyo del reformismo político-sindical de los EUROCOMUNISMOS.

        Hay que insistir, porque ahora se olvida interesadamente, que el NEOLIBERALISMO en cuanto tal partía con la ventaja de los previos ataques demoledores contra el movimiento obrero lanzados por el reformismo. Sobre esta ventaja, el NEOLIBERALISMO aplicó sus cuatro principios básicos y comunes: uno, controlar la inflación, reducir la intervención estatal en gasto público y volcarla en el apoyo a la burguesía, privatizando empresas públicas para beneficio privado; dos, reducción de salarios directos e indirectos, ataque a la centralidad obrera y derechos sindicales, flexibilización y debilitamiento de clase; tres, intervención ideológica autoritaria y reaccionaria para potenciar el individualismo acorde con la tesis del interés del consumidor, para destruir la conciencia colectiva y desprestigiar los derechos sociales, y, cuatro, buscar inversiones exteriores mediante la liberalización, facilitar los movimientos de capitales, propiciar la devaluación cuando sea necesario, etc.

        El grueso de estas ideas venían siendo re-elaboradas desde la mitad del siglo XX por autores cono von Mises, von Hayek, y otros, y readecuadas poco después por Arrow, Friedman, Brittan y otros. Especial importancia tuvo en este proceso la paciente militancia organizada de los marginalistas desde 1945-1947, cuando von Hayek creó un grupo de propaganda selectivamente orientado a influir en los núcleos burgueses, grupo organizado alrededor de la Sociedad de Mont-Pelerin. Esta paciente y rigurosa militancia apenas conocida públicamente fue extendiendo su influencia hasta que en 1980 fue capaz de organizar una convención internacional en el Hoover Institute de la Universidad de Stanford, en los EE.UU., a la que acudieron alrededor de 800 economistas e invitados. Hemos citado esta significativa intervención organizada para mostrar cómo es imposible separar la evolución teórica de una corriente económica de la militancia política organizada de sectores decididos, sean burgueses o proletarios.

        (5-4) NEOLIBERALISMOS (VER CUADRO): pero conforme transcurrían rápidamente la década de 1981, se iban notando las debilidades de fondo del dogma neoliberal, pese a los esfuerzos en aplicarlo. La crisis creciente de la URSS permitió ocultar la crisis del capitalismo mundial que sólo podía recuperarse en muy contadas zonas del planeta. La implosión del stalinismo dio otro respiro propagandístico y político a la burguesía, que además se había lanzado en los EE.UU. a una recuperación de su debilitada hegemonía mundial y en Europa que avanzada en su unificación capitalista mientras que el resto, desde un Japón que se estancaba, unos países tan importantes como México, Rusia, los "cuatro tigres asiáticos", Argentina, etc., se desplomaban sucesivamente durante la década de 1991, tanto en crisis industriales como financieras, hasta llegar a la actual situación de entre el año 2000 y lo que va del 2002 en los EE.UU. y la UE. Pues bien, las distintas burguesías han experimentados las variantes más estrambóticas del dogma neoliberal, fanáticamente aplicadas pese a sus inhumanas consecuencias. Así los diversos monetarismos estatales, las diversas aplicaciones de la teoría de las expectativas racionales, las múltiples economías de oferta, los permanentes llamados a la confianza del inversor racional, etc., todas ellas vulgares adecuaciones a la crisis actual de los mitos marginalistas del siglo XIX, como hemos visto, todos estos intentos, han fracasado uno tras otro.

        (5-5) GLOBALIZACIÓN POSITIVA (VER CUADRO): se trata de la última moda o, peor, de la última trampa de la corriente ideológica que pervive desde el MERCANTILISMO inicial, pero con variantes lógicas por la evolución capitalista. Consiste en la creencia de que la economía mundial ha entrado en una fase definitiva de resolución de sus problemas gracias a la extensión de las llamas "nueva economía", "economía informacional", "economía intangible", etc. Se cree que las nuevas tecnologías, la rapidez de circulación mercantil, la "desaparición del espacio y del tiempo", o la "economía de tiempo real", permitirán que en muy corto espacio de tiempo cada vez más sectores de la humanidad se vayan beneficiando de las aperturas de nuevos mercados, de nuevas fuerzas productivas, de créditos muy baratos, de una cultura tecnológica a disposición de todos... Ahora se trata de acabar cuanto antes con algunas dificultades que lastran este marcha triunfal, y uno de esos obstáculos que ya prácticamente ha desaparecido --dicen-- es la transformación de la clase obrera en una "nueva clase". Reaparece así el mito del "capitalismo popular", según el cual hasta los trabajadores se convierten en rentistas y accionistas al invertir y negociar en Bolsa sus acciones. Este mito, que muchos creen nuevo, no viene sólo del período de 1951-68 en los EE.UU., sino también, como veremos, del reformismo inglés de comienzos del siglo XX. La ideología bolsista afirma que "el dinero crea dinero", es decir, que la riqueza no viene de la producción material sino de la circulación de dinero en el mercado, del "juego en Bolsa", etc., sin que intervenga la fuerza de trabajo humana. Como hemos dicho, reaparece así lo sustantivo del MERCANTILISMO que despreciaba la producción de valor y se centraba en el manejo y circulación comercial, de dinero y de acciones.


        CUARTA PARTE: un resumen del socialismo utópico y del marxismo

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